julio 27

Dicen por ahí que los verdaderos creyentes atraviesan en su vida una crisis de fé, y creo que está llegando la mía. O eso, o es que ya me va picando el gusanillo de probar una nueva plataforma, como ya me ocurrió anteriormente.

Es verdad que el iPhone es el teléfono que más me ha durado (acaba de hacer un año), tras una media de 6 meses por terminal, buena parte de los cuales fueron BlackBerry (otro día hablaremos de eso).

Pero recientemente no hago más que ver vídeos de Android, Froyo y toda la historia esta, y algo me llama mucho la atención.

Para empezar, es una plataforma abierta y con un buen número de aplicaciones que merece la pena probar; por no mencionar que admite Flash, la gran carencia de iPhone.

Entre sus otras muchas posibilidades se encuentran su función nativa de convertirse en un HotSpot Wi-Fi, una cosa que iPhone ni siquiera sueña y las posibilidades de interconexión entre sus componentes internos su mucho menos limitadas.

El iPhone es maravilloso, pero reconozco que me siento muy tentado por la plataforma de Google. ¿Será el calor del verano?